¿Ya se te olvidó lo que le costó a Acapulco recuperarse de las inundaciones? Porque al gobierno federal no. Este fin de semana la presidenta Claudia Sheinbaum aterrizó en el puerto guerrerense con un paquete de obras que promete, por fin, ponerle un candado al problema del agua que lleva años ahogando (literal) a la ciudad.
La apuesta se llama sistema Papagayo, y no es cualquier cosa: se trata de rehabilitar por completo la infraestructura hidráulica de la zona, modernizar la red de distribución y, sobre todo, reducir esas inundaciones que cada temporada de lluvias se han vuelto pesadilla para quienes viven ahí. La idea de fondo es simple: si el agua fluye bien, el puerto respira, se recupera más rápido y deja de depender tanto de que no llueva feo.
Pero aquí viene el detalle que no se puede pasar por alto. Mientras la federación toma las riendas de este proyecto estratégico, la administración local que encabeza Abelina López sigue bajo la lupa por investigaciones relacionadas con el manejo de recursos públicos. O sea: el agua empieza a moverse, pero las dudas sobre las cuentas del gobierno municipal siguen ahí, sin resolverse.
¿Qué significa esto para los que viven en Acapulco? Que hay una luz al final del túnel en cuanto a infraestructura, pero también un recordatorio de que la transparencia sigue siendo tarea pendiente. La federación asumiendo el control de obras clave manda un mensaje claro: se busca resultados visibles, aunque eso implique dejar en evidencia los pendientes de la gestión local. Lo que sigue ahora es ver si las obras avanzan al ritmo prometido y si las investigaciones sobre el manejo del dinero público llegan a algún lado.