Durango desde las alturas: un paseo en teleférico para dejar de ver la ciudad nomás desde el carro

Publicado el 10 de agosto de 2026, 01:00

Si uno cree que para pasarla bien en Durango nomás hay que echarse unos tacos, caminar tantito y decir “qué bonito está el centro”, resulta que la ciudad tiene una opción bastante más chida: subirse al teleférico y ver Durango desde las alturas.

El famoso Paseo Teleférico conecta el Cerro del Calvario con el Cerro de los Remedios y ofrece una vista panorámica de la ciudad. Sí, básicamente es la oportunidad perfecta para ponerse en modo turista aunque uno lleve tres años viviendo ahí y nunca haya subido.

La experiencia puede arrancar en el Centro Histórico, una de las zonas más representativas de la capital duranguense. De acuerdo con el sitio oficial de turismo, la ciudad conserva casi mil edificios construidos en siglos pasados, así que caminar por ahí es como darse una vuelta por la historia, pero sin necesidad de sacar el libro de texto.

Después viene la subida al teleférico. Ya arriba, toca sacar el celular, porque claramente si no hay foto desde las alturas, ¿realmente fuimos? El recorrido permite observar la ciudad desde una perspectiva distinta y, de paso, presumirle a los amigos que Durango sí tiene con qué.

Y si todavía queda pila —del celular y de uno mismo—, se puede continuar con otros atractivos cercanos. El Corredor Constitución ofrece restaurantes y tiendas, mientras que el Túnel de Minería propone una experiencia completamente distinta: un recorrido de aproximadamente 280 metros bajo tierra para conocer parte de la historia minera de la región.

Para quienes quieran seguirle de largo, Durango también presume naturaleza y aventura: bosques de pinos, cascadas, miradores y paisajes que van desde la sierra hasta zonas desérticas. El propio portal turístico estatal destaca precisamente esa combinación de naturaleza, historia y escenarios cinematográficos.

Así que ya sabes: la próxima vez que alguien diga que “en Durango no hay nada que hacer”, mándalo primero al teleférico. Y si después de eso sigue diciendo lo mismo, mínimo que lo diga mientras contempla la ciudad desde arriba, porque quejarse con buena vista también cuenta como experiencia turística.