Agárrense, porque esto no lo va a olvidar nadie que le entre al futbol. España volvió a meterse a una final de Copa del Mundo, algo que no pasaba desde aquel golazo inolvidable de Iniesta en Sudáfrica 2010. Y para lograrlo, se echó de encuentro nada más y nada menos que a la subcampeona del mundo: Francia. El marcador final fue un contundente 2-0 que dejó bien claro quién mandó en la cancha del AT&T Stadium en Arlington, Texas.
Lo más brutal del asunto es que Francia, que llegaba con fama de ser intocable, se fue de Texas sin haber mandado ni un solo remate peligroso al arco de Unai Simón. Cero. Nada. La Roja no solo ganó, sino que apagó por completo a los galos.
Así se cocinó la locura
El primer golpe llegó al minuto 22. Marc Cucurella metió un centro al área francesa y ahí Lucas Digne se puso nervioso: no calculó bien y se le olvidó que Lamine Yamal venía por su espalda. Cuando quiso despejar, terminó tocando la pierna del joven extremo español dentro del área. Penal cantado. Mikel Oyarzabal, con la sangre fría que ya le conocemos, no perdonó y puso el 1-0.
Ese gol, además, tiene su dato curioso: fue el quinto de Oyarzabal en el torneo, empatando en la lista de máximos goleadores españoles en un Mundial con leyendas como Emilio Butragueño (1986) y David Villa (2010). Ahí nomás, entre los grandes.
Para Francia, ir abajo en el marcador fue como entrar a terreno desconocido. Y para colmo de males, minutos después salió lesionado William Saliba, uno de sus pilares defensivos, por un desgarro muscular. Sin él, el equipo de Didier Deschamps empezó a hacer agua antes de que se fueran al descanso. Solo un quite milagroso de Upamecano evitó que Fabián Ruiz ampliara la ventaja tras una jugada de pared con Yamal y Dani Olmo.
El camino se parece al de 2010
Lo curioso es que esta España tiene varios parecidos con la que se coronó campeona hace 16 años. Aquella vez arrancaron perdiendo ante Suiza; ahora empezaron con un empate sin goles contra Cabo Verde. En ambos casos, el equipo fue creciendo partido tras partido a punta de posesión de balón y una defensa que no se rajaba. Y con esta victoria, además, España selló su tercer triunfo al hilo sobre Francia, después de vencerlos en la semifinal de la Eurocopa 2024 (2-1) y en la Liga de Naciones del año pasado (5-4).
Segundo tiempo: puntilla y adiós
Deschamps intentó mover el banquillo mandando a la cancha a Koné y a Doué, buscando reacomodar las piezas. Pero antes de que sus cambios agarraran ritmo, España ya había sentenciado el partido. Al minuto 58, Dani Olmo filtró un pase perfecto para Pedro Porro, quien no dudó ni tantito para vencer a Maignan mano a mano y poner el 2-0. Ahí prácticamente se acabó cualquier esperanza francesa.
Kylian Mbappé quedó solo, tratando de hacer magia por su cuenta sin que sus compañeros lo acompañaran. Al 65, sacó un derechazo que Unai Simón desvió al córner con apenas la punta de los dedos. Tres minutos después lo volvió a intentar desde media distancia, pero el balón se desvió en un defensor y se fue por la línea de fondo. Ese fue el último intento real de un equipo que ya no tenía respuestas.
Para cuando el capitán galo quiso encender los motores, el partido ya era de la afición española. Desde las gradas se escuchaba un “¡olé!” burlón cada vez que la Roja tocaba el balón, como quien ya está saboreando la gloria antes de tiempo.
Ahora España espera rival: será Argentina o Inglaterra en la gran final, que se jugará el próximo domingo en el Estadio MetLife de Nueva Jersey. La cita ya está puesta, y la Roja llega con hambre de repetir la historia de 2010.