El país entero acaba de recibir una noticia que provocó más gritos que cuando anuncian puente largo: Katy Perry confirmó concierto GRATIS en San Luis Potosí y los “KatyGatos” mexicanos ya andan viendo cómo pedir permiso en el trabajo, apartar camión y sobrevivir tres días a puro gansito y electrolit.
La cantante estadounidense se presentará el próximo 25 de agosto en la Feria Nacional Potosina 2026 (FENAPO), evento que poco a poco dejó de parecer feria estatal y ya parece festival internacional patrocinado por la locura colectiva.
Según lo anunciado por la propia Katy Perry en redes sociales, el show será completamente gratuito y formará parte de las actividades del Teatro del Pueblo, lugar donde cada año miles de personas aplican la vieja confiable de llegar desde las 6 de la mañana “nomás para agarrar buen lugar”.
La intérprete de “Firework” apareció en video emocionadísima diciendo que vuelve a México porque “siempre cumple sus promesas”, además de volver a llamar “KatyGatos” a sus fans mexicanos, cosa que inmediatamente convirtió internet en un zoológico pop lleno de glitter y emojis llorando.
Y claro, apenas salió el anuncio, las redes sociales explotaron como cohete de feria: gente diciendo “ya gané en la vida”, otros preguntando si aceptan apartar lugares con ladrillos y varios calculando cuánto cuesta ir a San Luis Potosí sin vender un riñón en Ticketmaster. Porque aquí no hay preventa, filas virtuales ni guerra contra revendedores: el acceso será gratis y por orden de llegada.
La FENAPO 2026 también tendrá artistas como Bizarrap, Mötley Crüe y GrupoFirme, pero honestamente el anuncio de Katy Perry hizo que medio país olvidara todo lo demás durante unas horas.
Mientras tanto, en San Luis Potosí ya comenzó la “Katymanía”: memes, gente organizando viajes en Facebook y hasta quienes aseguran que ya quieren irse a acampar afuera de la feria aunque faltan meses para el concierto. Porque si algo sabe hacer México, además de tacos y caos vial, es convertir cualquier concierto gratis en un evento histórico digno de documental de Netflix.
Por ahora solo queda prepararse mentalmente para ver miles de personas cantando “Teenage Dream” con lágrimas en los ojos, glitter en la cara y una coca tibia de 40 pesos en la mano.