El presidente de China, Xi Jinping, llegó este martes a Egipto para realizar su primera visita al país en una década, en un momento en que Medio Oriente atraviesa una nueva etapa de tensión y las grandes potencias andan moviendo sus piezas como si esto fuera partida de ajedrez… pero sin pausas y con consecuencias reales.
Xi fue recibido por el presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi durante una ceremonia oficial. La visita busca fortalecer la relación entre ambos países y ampliar la cooperación en áreas como infraestructura, energía, tecnología, manufactura y defensa. De acuerdo con Reuters, China ha incrementado su presencia económica y estratégica en Egipto durante los últimos años.
La llegada del mandatario chino no ocurre precisamente en un momento tranquilo. La guerra entre Estados Unidos e Irán ha vuelto a elevar la tensión en la región, mientras distintos gobiernos de Medio Oriente buscan mantener relaciones con varias potencias para no depender completamente de un solo aliado. En pocas palabras: nadie quiere poner todos los huevos en la misma canasta, porque luego se rompe y ahí anda uno viendo qué hacer.
Egipto tiene además una posición estratégica de primer nivel. Su territorio conecta África, Asia y Europa, y el Canal de Suez es una de las principales rutas comerciales del planeta. Por eso, para Beijing, mantener una relación cercana con El Cairo representa una oportunidad económica y geopolítica bastante jugosa.
Según Associated Press, China ha invertido más de 10 mil millones de dólares en Egipto y el comercio bilateral ronda los 20 mil millones de dólares anuales. Beijing también ha buscado presentarse como una potencia capaz de desempeñar un papel diplomático en Medio Oriente, especialmente después de haber impulsado el acercamiento entre Irán y Arabia Saudita.
La situación regional le da todavía más importancia a la visita. Mientras Xi estrecha relaciones con Egipto, Estados Unidos e Irán volvieron a intercambiar ataques después de un periodo de relativa calma. Washington informó de nuevos ataques contra objetivos militares iraníes, mientras Teherán respondió con misiles y drones contra posiciones estadounidenses en la región.
En medio de este panorama, China intenta consolidar su influencia sin meterse directamente en el conflicto militar. Su estrategia parece clara: aumentar sus relaciones comerciales y diplomáticas mientras Estados Unidos enfrenta una nueva escalada en Medio Oriente.
Y aquí está lo interesante: la visita de Xi no solamente habla de China y Egipto. También muestra cómo está cambiando el equilibrio internacional. Países que durante décadas dependieron principalmente de Estados Unidos están buscando tener más opciones y acercarse también a China, Rusia y otras potencias.
Así que mientras en México uno anda preocupado por si alcanza para la despensa y el tanque de gasolina, del otro lado del mundo las potencias están decidiendo quién se queda con qué pedazo del tablero internacional.
Y ojo, porque esto apenas se está poniendo bueno: Rusia y China también han hablado recientemente de fortalecer su relación, mientras existe la posibilidad de una reunión entre Xi Jinping, Vladimir Putin y Donald Trump durante la cumbre de APEC en noviembre. El Kremlin dijo este martes que incluso se ha discutido la posibilidad de un encuentro trilateral, aunque la Casa Blanca todavía no ha confirmado la reunión.
En resumen: China quiere más presencia en Medio Oriente, Egipto busca ampliar sus alianzas y Estados Unidos enfrenta una nueva etapa de tensión con Irán. El resultado es un escenario internacional cada vez más competido, donde las alianzas cambian y cada movimiento puede tener consecuencias que van mucho más allá de las fronteras de la región.
Porque sí, la geopolítica puede sonar a palabra de examen de historia, pero al final sus decisiones terminan pegándole al mundo entero. Y cuando las potencias empiezan a mover las fichas, más vale estar atentos… porque luego hasta el precio de la gasolina termina entrando al chisme.