Los FanFest están muy locos

Publicado el 3 de julio de 2026, 09:08

El Mundial 2026 ha despertado una emoción que México no vivía desde hace generaciones: ver a la Selección avanzar de ronda, jugando en casa, frente a un rival histórico como Inglaterra, es motivo suficiente para que ciudades enteras se pinten de verde. Pero esa efervescencia colectiva, que se vive tanto en la sala de casa como en las pantallas gigantes de los fanfest, exige también una dosis de responsabilidad. Celebrar en grande no está peleado con celebrar bien, y encontrar ese equilibrio es, quizá, el verdadero reto de esta fiesta futbolera.

En casa, la clave está en convertir el partido en un ritual compartido más que en un pretexto para excesos. Preparar antojitos típicos, invitar a los vecinos, turnar la responsabilidad de manejar entre los adultos si habrá desplazamientos después del encuentro y moderar el consumo de alcohol son gestos sencillos que permiten disfrutar sin poner en riesgo a nadie. Los niños, que absorben cada detalle de estas jornadas, aprenden tanto del grito de gol como de la forma en que los adultos manejan la emoción; ahí está una oportunidad valiosa para enseñar con el ejemplo.

Los fanfest, esos espacios públicos donde miles de aficionados se reúnen para vivir el partido en comunidad, multiplican la alegría, pero también la logística que hay que cuidar. Llegar con tiempo, acordar un punto de encuentro en caso de que el grupo se disperse entre la multitud, hidratarse constantemente bajo el sol y mantener siempre a la vista a los niños y adultos mayores son medidas básicas que marcan la diferencia entre una experiencia memorable y una complicada.

La organización de estos espacios en distintas sedes del Mundial ha incluido puntos de hidratación, personal médico y áreas designadas para familias con niños pequeños, pero la responsabilidad individual sigue siendo insustituible. Establecer acuerdos previos —a qué hora regresar a casa, quién se mantiene sobrio para el regreso, dónde reunirse si alguien se extravía— convierte la salida en una experiencia planeada en lugar de improvisada, sin que eso le reste ni un ápice de espontaneidad a la fiesta.

El regreso a casa merece la misma atención que la ida: after cada celebración, especialmente si involucra alcohol, la recomendación de especialistas en seguridad vial es clara: nunca conducir bajo sus efectos y priorizar el transporte compartido, el taxi o un conductor designado. La euforia de un triunfo histórico no debería empañarse por decisiones tomadas en el calor del momento.

Al final, lo que hace inolvidable un Mundial no es solo el resultado en la cancha, sino la manera en que cada familia y cada comunidad construyen sus propios recuerdos alrededor de él. Celebrar con responsabilidad no le resta pasión a la fiesta: la vuelve más duradera, más segura y, sobre todo, más digna de contarse una y otra vez en las próximas generaciones.