Si alguien pensaba que los 90 ya habían quedado archivados junto con los pantalones de mezclilla, los discman y los tonos polifónicos, Sentidos Opuestos llegó al Auditorio Nacional para demostrar que esa década nomás estaba esperando que le picaran play.
El pasado 12 de agosto, el dúo formado por Alessandra Rosaldo y Chacho Gaytán regresó al llamado Coloso de Reforma con un concierto que celebró más de tres décadas de trayectoria y el impacto que su música ha tenido en el pop en español. La cita comenzó a las 20:30 horas.
Originarios de la Ciudad de México y surgidos a principios de los años noventa, Sentidos Opuestos se convirtió en uno de los proyectos que ayudaron a definir el pop latino de aquella época, mezclando pop, eurodance y sonidos electrónicos.
Y ahí estuvo precisamente el encanto de la noche: una buena dosis de nostalgia, pero sin necesidad de pedirle permiso al calendario.
Porque seamos honestos: basta con que suene una canción de Sentidos Opuestos para que más de uno pase de “yo ya estoy grande para esas cosas” a cantar con toda el alma como si estuviera en plena secundaria. El cuerpo podrá pedir descanso, pero el cerebro todavía se sabe la coreografía.
El regreso al Auditorio Nacional formó parte de una nueva etapa para el dúo, que bautizó esta serie de presentaciones como “Sin Límites”. Después de su fecha en la Ciudad de México, la agrupación tiene contempladas presentaciones en Guadalajara, Monterrey, Puebla, Tijuana y Pachuca, además de una fecha posterior en Mérida.
La presentación capitalina también confirmó algo que en México conocemos bastante bien: la nostalgia vende, pero cuando está respaldada por canciones que realmente se quedaron en la memoria, vende todavía mejor.
Y Sentidos Opuestos tiene de esas canciones. De las que no necesitan presentación, porque en cuanto empiezan los primeros acordes aparece el recuerdo: el amor de la adolescencia, la fiesta de los viernes, la televisión de los 90 o aquella época en la que cambiar de canción significaba levantarse del sillón y caminar hasta el aparato de sonido.
Con más de 30 años de carrera, Alessandra Rosaldo y Chacho Gaytán demostraron que aquello de “todo tiempo pasado fue mejor” puede discutirse, pero que un buen hit noventero sigue siendo un arma peligrosísima contra la adultez.
Así, el Auditorio Nacional volvió a convertirse en punto de encuentro para quienes crecieron con el pop de aquella década y para quienes, aunque nacieron después, ya entendieron que hay canciones que simplemente se heredan.
Porque podrán cambiar las modas, los celulares y hasta el precio de los boletos, pero hay algo que permanece intacto:
pones a Sentidos Opuestos y, de repente, todos volvemos a tener 20 años. Aunque al día siguiente las rodillas nos cobren la factura.