El Desfile Mundialista mezcló tres kilómetros de tradición mexicana con la fiesta futbolera en Avenida Paseo de la Reforma, y convirtió una de las avenidas más importantes de la capital en un carnaval a cielo abierto.
A la 1 de la tarde del sábado, el banderazo de salida desde la Glorieta de la Diana Cazadora marcó el inicio de algo que la Ciudad de México nunca había visto: un desfile con espíritu de Día de Muertos, pero con sabor a Mundial. El recorrido avanzó por Paseo de la Reforma hasta el Monumento a la Revolución, y durante cuatro horas el camino se llenó de color, música e identidad.
Cincuenta catrinas encabezaron una fiesta que incluyó danzantes prehispánicos, charros, chinelos y representaciones de los carnavales de los pueblos originarios de la capital. También desfilaron nueve carros alegóricos que rindieron homenaje a los mundiales que México ya ha vivido: México 70, México 86 y el Mundial Femenil de 1971, además de los entrañables globos gigantes de Juanito y Pique.
El momento más esperado llegó con Sonido La Changa, referencia histórica de la cultura sonidera mexicana, que puso a bailar a cientos de personas y convirtió Reforma en una pista al aire libre. Entre cumbias, banderas de los 48 países participantes y la energía de miles de personas asistentes, la avenida se llenó de ese ambiente de fiesta colectiva que solo se vive cuando toda una ciudad decide salir a celebrar junta.
Más allá del futbol, lo que se vio ayer en Reforma fue una postal de lo que somos: un país capaz de tomar la fiesta más grande del deporte y vestirla con sus propios colores, sus propias danzas y su propia música. Acceso libre, sin costo, para que la fiesta fuera de todos.