¿De qué va el pleito?
Resulta que al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se le botó la canica y firmó un documento para cambiarle oficialmente el nombre al famosísimo Lago Ontario. ¿Cómo le quiere poner el gringo? Nada más y nada menos que "Lago de América". ¡Así como lo leen!
Como era de esperarse, a los canadienses no les hizo ni tantita gracia que les anduvieran bautizando sus cuerpos de agua a la mala. El Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, salió al quite, le cantó el tiro a Trump y bateó el nombramiento, dejando clarísimo que el lago se llama y se llamará Ontario "siempre".
El contraataque canadiense (¡se pasaron de lanza!)
Los canadienses no se quedaron de brazos cruzados nomás haciendo corajes. Para demostrar que no son puro jarabe de pico, aplicaron la de "el que se ríe se lleva" y armaron su propia guerra comercial:
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Aranceles por los cielos: Canadá respondió a la provocación dejándole caer aranceles de hasta el 50% a varios productos estadounidenses. ¡Tómala!
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Cerrando filas: Todos los gobernadores de las provincias canadienses y hasta los líderes empresariales andan en la misma sintonía, apoyando al cien la postura de Carney y el rompimiento de las negociaciones.
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Pelea por el orgullo: Por si fuera poco, Canadá también anda sacando las uñas para defender el idioma francés en medio de todo este despapaye comercial.
El contexto para los cuates
El Lago Ontario es uno de los cinco Grandes Lagos de Norteamérica y está justito en la frontera, por lo que es un territorio compartido entre el estado de Nueva York (EUA) y la provincia de Ontario (Canadá). ¡Con razón a los canadienses les enchiló tanto la movida de querérselos apropiar de puro nombre!
En resumen, la cosa está que arde allá arriba y parece que este novelón diplomático apenas va empezando.
¿Cómo ves esta bronca, crees que a Trump le funcione la jugada o Canadá le va a terminar bajando los humos?