¿Júpiter o el nuevo juguete de la feria? Exhiben supuesto telescopio en CDMX y las redes dicen: “¡No manchen!”

Publicado el 7 de septiembre de 2026, 01:00

En la CDMX uno ya espera de todo: que te cobren por estacionarte, que el café cueste como si trajera oro molido y hasta que una quesadilla con queso sea considerada una excentricidad gastronómica. Pero ahora la capital parece haber llevado el negocio hasta el espacio: cobrar por ver Júpiter en un supuesto telescopio que, según imágenes compartidas en redes, tendría más pinta de instalación casera que de observatorio astronómico.

Una publicación que circula en redes sociales cuestiona una actividad en la que se ofrecería al público la posibilidad de observar el planeta gigante. La crítica se centra en varios detalles del montaje, entre ellos la apariencia del instrumento, descrito por usuarios como un tubo de PVC, y un visor que algunos identificaron como parecido a un View-Master.

Y aquí es donde la historia se pone buena.

“Pásele, pásele: Júpiter, Saturno y de pilón una concha”

El problema no es que alguien utilice materiales sencillos para construir un telescopio. De hecho, existen telescopios caseros y proyectos de astronomía amateur perfectamente funcionales.

El asunto es qué se está prometiendo y qué es realmente capaz de hacer el equipo.

Un telescopio astronómico necesita reunir luz y ofrecer una imagen suficientemente nítida para observar objetos celestes. Si a eso le sumamos que los planetas parecen desplazarse por el cielo debido a la rotación de la Tierra, mantener un objeto centrado durante una observación requiere ajustes constantes o, en equipos más sofisticados, sistemas de seguimiento.

O sea: no es nomás apuntarle al cielo y decir:

“Ahí está Júpiter, joven. Son 50 pesos.”

Y hay otro pequeño detalle: Júpiter no anda de paseo por la tarde

Aquí es donde la astronomía mete un golazo.

De acuerdo con los cálculos de visibilidad para Ciudad de México, el 6 de septiembre de 2026 Júpiter sale alrededor de las 4:17 de la mañana y se oculta cerca de las 5:09 de la tarde. Sin embargo, su ventana recomendable de observación es poco antes del amanecer, ya que actualmente se encuentra relativamente cerca del Sol en el cielo.

Así que si alguien te dice:

“Venga, joven, a ver Júpiter en la tarde”

la pregunta razonable sería:

“¿Júpiter o el recibo de la luz?”

Porque una cosa es que un planeta técnicamente esté sobre el horizonte y otra muy distinta es que las condiciones permitan observarlo con facilidad. Y si además hay nubosidad, pues ya nos cargó el payaso astronómico.

El famoso View-Master también entró al chisme

Otro de los detalles que llamó la atención fue el supuesto uso de un visor similar a un View-Master, aquel aparato que generaciones enteras utilizaron para ver imágenes en 3D.

Y aquí sí hay que darle al pobre View-Master lo que es del View-Master.

El aparato realmente funciona como un visor estereoscópico: utiliza pares de imágenes para generar una sensación de profundidad y emplea discos con fotografías. Es decir, no es un dispositivo diseñado para observar planetas reales a millones de kilómetros de distancia.

Entonces, si efectivamente se utilizara algo de ese tipo como “visor” de un telescopio, habría que explicar exactamente qué función cumple dentro del sistema.

Porque una cosa es ver a Mickey Mouse en 3D y otra intentar encontrar a Júpiter.

¿Y el planeta se queda quietecito?

Pues no.

Bueno, Júpiter no va a arrancar en Uber para escaparse del telescopio, pero desde nuestra perspectiva el cielo está en movimiento constante debido a la rotación terrestre.

Por eso los telescopios que hacen observación astronómica prolongada suelen requerir que el objeto sea recentrado o cuentan con mecanismos de seguimiento.

Esto se vuelve especialmente importante si alguien promete una experiencia en la que varias personas pasarán sucesivamente a mirar el mismo objeto.

Porque mientras uno está diciendo:

“¡Ay, sí veo algo!”

el siguiente puede recibir:

“Espérese tantito, joven, déjeme encontrar otra vez el planeta.”

Y para cuando lo encuentren, Júpiter ya se fue tantito hacia la otra esquina del ocular.

¿Entonces sí es una estafa?

Aquí viene lo importante: con la información pública disponible no se puede afirmar categóricamente que los organizadores hayan cometido una estafa.

Lo que sí existe es una publicación viral que cuestiona el montaje y que ha generado burlas y dudas entre usuarios de redes.

Para hablar jurídicamente de una estafa tendría que existir evidencia de que hubo engaño deliberado, cobro indebido, falsedad en lo ofrecido o algún otro elemento que pudiera ser acreditado ante la autoridad correspondiente.

Así que, por ahora, más que declarar culpables desde Facebook, toca hacer algo mucho más sencillo:

preguntar qué equipo están utilizando, qué se puede observar realmente, quién organiza la actividad y qué exactamente incluye el pago.

Porque ser curioso no significa apagar el cerebro

La astronomía es una maravilla y acercar los telescopios a la gente puede ser una excelente manera de despertar interés por la ciencia.

Pero tampoco hay que confiarse nomás porque alguien llegue con un tubo, le ponga tres patas y diga:

“Es tecnología de la NASA, joven.”

Antes de soltar la lana conviene revisar el equipo, buscar referencias del organizador y, sobre todo, entender qué objeto se puede observar y bajo qué condiciones.

Porque sí, mirar Júpiter puede ser una experiencia espectacular.

Mirar un tubo de PVC mientras alguien te cobra por imaginar que estás viendo Júpiter ya es otro deporte.

Y en esta ciudad, donde hasta el aire parece tener tarifa, mínimo que la próxima experiencia astronómica venga con algo más que imaginación.

Porque una cosa es pagar por conocer el universo y otra muy distinta pagar por un “Júpiter de confianza” que quién sabe si venía incluido en el paquete.