Pues resulta que el novelón político de Rubén Rocha Moya volvió a dar otro giro, y este sí estuvo de esos de “¿qué acaba de pasar?”.
Después de más de tres meses con licencia, el gobernador de Sinaloa regresó al cargo el pasado 21 de agosto, asegurando que lo hacía porque la Fiscalía General de la República no había encontrado pruebas que sustentaran una conducta penal en su contra. Rocha dijo que se reincorporaba con la conciencia tranquila y listo para volver a chambear por Sinaloa.
El detalle es que su regreso agarró a varios con el pie cambiado. La propia Secretaría de Gobernación salió a aclarar que la decisión de regresar fue exclusivamente personal, mientras que el Gobierno federal señaló que las investigaciones relacionadas con los señalamientos de autoridades estadounidenses seguían abiertas.
¿Y de dónde viene todo este desmadre? Desde abril, autoridades de Estados Unidos señalaron a Rocha Moya y a otros funcionarios por presuntos vínculos con una facción del Cártel de Sinaloa. Las acusaciones estadounidenses incluyen presunta colaboración con Los Chapitos para facilitar actividades de narcotráfico a cambio de sobornos y protección política. Rocha ha rechazado las acusaciones y las ha calificado de políticamente motivadas.
Y ahí es donde la cosa se puso todavía más incómoda para Morena. La presidenta Claudia Sheinbaum marcó distancia con la decisión de Rocha y remarcó que ningún interés personal puede estar por encima del interés del pueblo. El mensaje fue bastante claro, aunque sin necesidad de decir su nombre a cada rato.
Pero espérense, porque el regreso duró prácticamente lo que un suspiro.
Este 23 de agosto, Rocha volvió a pedir licencia por tiempo indefinido y el Congreso de Sinaloa se la aprobó. Con eso, su breve regreso al Palacio de Gobierno quedó prácticamente como un episodio exprés de una crisis política que todavía no termina.
La presidenta Sheinbaum consideró que la nueva separación del cargo era lo mejor para Sinaloa, mientras el Congreso estatal se prepara para definir quién ocupará la gubernatura de manera interina.
¿Y ahora qué sigue?
Pues el balón está en la cancha del Congreso sinaloense. Mientras se define al gobernador interino, Rocha Moya seguirá enfrentando el ruido político y las investigaciones que lo rodean.
Lo importante es no revolver las cosas: las acusaciones de Estados Unidos son eso, acusaciones, y Rocha las niega. Al mismo tiempo, que la FGR no haya dado por acreditada una conducta penal no significa automáticamente que todo el asunto haya quedado cerrado; el propio Gobierno federal ha señalado que existen investigaciones abiertas.
En pocas palabras: Rocha regresó, se armó la polémica, Morena se desmarcó, Sheinbaum mandó su recadito y, menos de dos días después, Rocha volvió a pedir licencia. Todo esto mientras Sinaloa sigue lidiando con una bronca de seguridad y gobernabilidad que está muy lejos de resolverse.
Y sí: en Sinaloa la política anda más movida que tráfico de Culiacán a las seis de la tarde.