Este fin de semana la grilla política mexicana se puso buena —y no precisamente por una sesión del Congreso—. La cancelación de la visa estadounidense de Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador y uno de los personajes cercanos a Morena, provocó una nueva bronca diplomática entre México y Estados Unidos.
La presidenta Claudia Sheinbaum salió públicamente en defensa de López Beltrán y cuestionó la decisión de Washington. La mandataria sostuvo que quitarle la visa a una persona no significa que exista un delito y señaló que, si las autoridades estadounidenses tienen acusaciones concretas, deberían presentar pruebas. También rechazó que México vaya a iniciar una investigación únicamente por la cancelación del documento.
El asunto no quedó ahí. La Embajada de Estados Unidos respondió que las visas son un privilegio y que pueden ser canceladas cuando existan razones para hacerlo, independientemente de la filiación política de quien las tenga.
Y ahí es donde la cosa se puso color de hormiga.
Desde Morena comenzaron a surgir voces que calificaron la medida como una forma de presión extranjera, mientras que sectores de la oposición aprovecharon el caso para exigir que se investiguen posibles señalamientos relacionados con López Beltrán. Hasta ahora, las fuentes consultadas no reportan una acusación formal pública de Estados Unidos contra él asociada a la cancelación de la visa.
El tema además llega en un momento particularmente sensible: México se encamina hacia las elecciones intermedias de 2027, mientras la relación con el gobierno de Donald Trump atraviesa varias tensiones relacionadas con seguridad, migración y soberanía.
Sheinbaum ha insistido en que México debe mantener una relación de diálogo con Estados Unidos, pero sin permitir lo que considera injerencias en asuntos internos. Este domingo, durante su gira por Tamaulipas, volvió a colocar la soberanía nacional como uno de los ejes de su discurso político.
Mientras tanto, el caso Andy ya se convirtió en munición política para ambos bandos: para Morena, representa un nuevo episodio de presión de Washington; para la oposición, una oportunidad para cuestionar al círculo cercano al obradorismo.
En corto: la visa fue cancelada, pero el verdadero pleito apenas empieza. Y con las elecciones de 2027 cada vez más cerca, todo apunta a que esta historia todavía va a dar bastante de qué hablar.