Aguanta, porque esta historia sí que está para contarse. Resulta que en un mismo día, en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, cayeron DOS cargamentos de droga distintos, y la estrella de la jornada fue un perrito entrenado que responde al nombre de Max IV. Sí, como lo lees: un binomio canino hizo lo que humanos con rayos X apenas estaban empezando a sospechar.
Vamos por partes, porque la nota tiene tela de dónde cortar.
¿Qué fue lo que pasó?
La Secretaría de Marina (Semar) confirmó que, gracias a la coordinación entre personal naval, la Aduana del AICM y la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), se lograron dos aseguramientos importantes de sustancias ilícitas en el mismo día. Y no hablamos de cantidades chiquitas.
El hallazgo fuerte: metanfetamina por montón
Todo empezó con una revisión no intrusiva, de esas donde no hace falta abrir todo para saber que algo anda raro. Ahí es donde entra Max IV, el binomio canino que puso el hocico sobre ocho contenedores que traían un polvo cristalizado bastante sospechoso.
Para no dejar nada a la suerte, el personal usó un espectrómetro infrarrojo —básicamente un aparato que analiza la composición química de las sustancias sin necesidad de adivinar— y el resultado confirmó lo que todos ya se temían: eran 245.5 kilos de metanfetamina los que estaban a punto de seguir su camino.
El segundo golpe: una pasajera con equipaje comprometedor
Pero el día de Max IV no terminó ahí. Mientras se revisaba el equipaje de pasajeros que llegaban de vuelos internacionales, el perrito hizo una señal frente a las maletas de una mujer que venía procedente de Lima, Perú.
Con esa alerta, el equipo decidió hacer una segunda inspección más a fondo, y fue entonces cuando aparecieron 18 paquetes de hoja de coca, presentados de distintas formas dentro del equipaje.
¿Y ahora qué sigue?
Tanto la droga como el caso ya quedaron en manos del Ministerio Público correspondiente, que es quien se encargará de continuar con las investigaciones para determinar responsabilidades y el destino que iba a tener todo este cargamento.
Este tipo de aseguramientos dejan claro que el reforzamiento de la vigilancia en aeropuertos —con tecnología, coordinación entre autoridades y, por supuesto, el olfato imparable de los binomios caninos— sigue siendo una pieza clave para frenar el tráfico de drogas antes de que salga de territorio nacional.